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Esta sala es un espacio creado para difundir y articular el debate académico de los profesores de la Universidad Nacional de Colombia,  propiciar su expresión, análisis y diálogo sobre  asuntos propios de los compromisos misionales y el devenir de la Institución.

Publicado por: Raul Andres Avila Forero

Siga, siga… ¡Rusia con puestos! por Raúl Ávila Forero

Rusia es la anfitriona del próximo mundial de fútbol que se celebrará desde el 14 de junio al 15 de julio de 2018. La tensión que genera clasificar al mundial es monumental y, por ahora, las selecciones de Chile, Colombia, Perú y Paraguay tienen el chance matemático de clasificar mañana cuando se dispute la última fecha de las eliminatorias suramericanas, para así acompañar a Brasil y Uruguay a la cita orbital. El no clasificarnos, afectaría las ganancias anidadas al negocio millonario del fútbol.

 

La entrada al mundial ruso no sólo representa el sueño de millones de colombianos que queremos el fútbol y disfrutamos del deporte más popular del mundo. El hecho de que la Selección Colombia logre clasificar a la cita mundialista traería bastantes impactos positivos sobre la economía nacional; el comercio, restaurantes, hoteles y bares se verían sumamente beneficiados, pero, si no nos clasificamos, los efectos multiplicadores para la economía se esfumarán, incluso, la valorización de varios de nuestros jugadores caería drásticamente.

 

La cita futbolística que parecía estar cada vez más cerca ¿o más lejos? para nuestro país (hoy día estamos clasificados directamente) trae variados beneficios al comercio nacional. En un sólo día de partido, el comercio mueve entre $3.000 y $5.000 millones adicionales al comportamiento tendencial, según estimaciones de Fenalco. Allí no sólo se mueven las bebidas alcohólicas, que es uno de los segmentos más fuertes, sino la demanda de víveres en general. Por ello, los comerciantes se mantienen a la expectativa y ponen veladoras para que no nos quedemos por fuera del mundial.

 

Adicionalmente, no sólo el comercio tiembla ante la incertidumbre en que nos mantiene el equipo de Pékerman de jugar o no el mundial. Las agencias de viaje, aerolíneas, restaurantes y el turismo sacan gran provecho sí lo jugamos. Por ejemplo, para 2014, la Asociación de Transporte Aéreo de Colombia (Atac) registró que aproximadamente 35 mil pasajeros viajaron desde Colombia hacia Brasil en los meses en que transcurrió el mundial. Sin embargo, aquí no existen vuelos directos a Rusia, por lo que no es posible cuantificar, con precisión, estos impactos en esta ocasión, dados los posibles cruces y conexiones para llegar al territorio de los zares; eso sí, se prevé una tendencia al alza, pero, sólo si clasificamos.

 

De igual manera, el país empieza a tener una mejor imagen a nivel internacional, gracias a los embajadores futboleros (tan sólo diga en Asia o Europa que usted es de Colombia y la primera referencia es que le hablan de James y Falcao), y sería más notorio de lo que es actualmente el impacto positivo de la marca Colombia ante la mayor cita deportiva del mundo. Esto significaría una nueva exhibición cultural que potenciaría como destino de viajes en nuestro país, beneficiando al sector turístico y hotelero. La idea es promover una imagen positiva del país a raíz de la fama que genera el mundial pero sólo si clasificamos.

 

Si bien se mantiene la eufórica esperanza que estamos acostumbrados a no perder, otros de los grandes favorecidos son las marcas patrocinadoras, pero sólo si clasificamos. Por ejemplo, el branding de los futbolistas se nota mucho más marcado dada la admiración que se genera en diversos targets, de diversas edades y clases sociales; por ende, las marcas tienen bastante interés en estar ahí, lo que repercute en que el valor de futbolista se triplique o hasta más. La rentabilidad para ambos frentes es prometedora, pero esto se materializa sólo si clasificamos.

 

Marcas como Bancolombia, Adidas, Movistar y Chevrolet invierten, cada cuatro años, casi US$56 millones en patrocinios para la selección, esto fomentado por el exitoso mundial de 2014, todo ello con fines de mercado para obtener una mayor visibilidad de marca, promover su posicionamiento, ejercer mayor reconocimiento en la fanaticada, para obtener mayores ganancias en venta de bienes y/o servicios, esto se mantendría y aumentaría, sólo si clasificamos.

 

Ir al mundial, además, traería efecto positivo sobre el good will de nuestros futbolistas, y aumenta la potencialidad de exportación de jugadores, por mayor referenciamiento. Según la revista Fútbol Total, actualmente son alrededor de 233 los jugadores nacionales que fueron inscritos por otros equipos en el exterior para formar parte de sus nóminas.

 

Sin embargo, los ingresos no sólo entran al bolsillo del jugador. El equipo como tal recibiría como prima un aproximado de US$2 millones sólo por clasificar al mundial. Es decir, US$500.000 más que en Brasil 2014 y un millón más que Sudáfrica 2010. Sin embargo, todo depende. La Fifa está a la espera de obtener todos los clasificados para evaluar cómo se mueve el marketing del nuevo mundial, de tal forma que los premios de los equipos que lleguen a semifinales y finales podrían variar al alza.

 

Y aunque no aseguramos la clasificación el pasado jueves, y mañana nos jugamos el todo por el todo en Lima ante Perú, aún mantenemos muy buenas probabilidades de clasificar. Los incas son ahora quintos en la tabla y son rivales directos que, ante descuidos en la zona defensiva como nos pasó con Paraguay, pueden arrebatarnos la anhelada clasificación que, prácticamente, estaba en el bolsillo. Aunque si resulta la victoria tricolor, ya los resultados de otros partidos nos resultarían ajenos y tendríamos cupo directo en Rusia 2018, iríamos con puestos fijos y sin escalas.

 

Si bien se complicó el asunto, no todo está perdido. Habrá que esperar las estrategias del equipo de Pékerman para el próximo partido, con tal de hacer vibrar a todos los que nos ponemos la tricolor bajo la esperanza de ir a otro mundial. La economía nacional necesita que Colombia se suba al bus de Rusia 2018, los puestos están, falta no dejarse quitar la silla.

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